
Hay yetis que viven aislados en puntos apartados del Monte Glatz, lejos de la aldea de los Frozn. ¡Y qué sorpresa para uno de ellos al descubrir un bebé humano a la entrada de su cueva! Después de vivir en duras condiciones en las gélidas laderas de la montaña, Eliska se volvió salvaje y se hizo una idea bastante simplista de la condición yeti. Por ello, la joven fue enviada a la aldea de los Frozn para hacerse más sociable y dejar de tomarse por una yeti con sus pinturas de guerra, sus garras de tigre siberiano y esa ridícula piel de oso que lleva a la espalda.
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