
Tras la caída del meteorito, Pegh vio su Sueño hecho realidad. No sólo ha conseguido librarse de la jaula donde pasaba sus días y que le recordaba a los bancos de hielo, sino que ya puede dedicarse por entero a su afición favorita: el béisbol. Su único problema es que nadie quiere jugar con él, pero no pasa nada, siempre puede reutilizar el bate para partirle la cara a la gente borde...
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