
Durante los seis primeros meses, nadie se había dado cuenta de que Jessica se había unido a los Skeelz, y había una buena razón para ello: es que era totalmente invisible. Una vez realizados los trámites y confirmada su matrícula, sus profesores insistieron en que llevara en todo momento su uniforme, ya que es la única forma de saber dónde se encuentra.
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