Acompañadas de la agonía de las voces que lo pedían, cortada entre llantos y suplicando la paz, sólo pedimos eso, nada más.
Las personas piden y piden, como si el mundo se fuese a acabar, pero a menos somos tan desconsiderados, que no podían ver que alguien más pedía algo distinto. Es imposible complacer a todas las personas, pero no a una mayoría de ahí la democracia. - Esa era la manera de pensar de
Klaus, en realidad, de la mayoría de los habitantes de las ciudades.
Esperanza y fé, eso era todo lo que el pedía, un poco de tranquilidad para saber que esta bien, pero a la vez la cruda y dura realidad que le haga saber y entender que ha cometido un error, de los peores, en su vida.
- ¡DETÉNTE! - exclamó Naja
- ¿Y ahora qué sucede? - preguntó
Bryan - ¿Es qué acaso un poco de turbulencia y baches te marean?
- Deja de payasadas
Bryan - agregó
Brianna
- En Balgenheim... - comenzó Naja, y apenas este nombre llamó la atención de
Klaus - comenzó todo, el libro, la profecía, debe haber algo más allí...
- Y es por eso que vamos hacia allá - comentó con un tono muy aburrido
Klaus
- Por eso, la llave que encontraste, debe estar relacionada con algo del libro
- ¿La llave? - había olvidado el detalle
Klaus - Ahh ¡Por supuesto! ¡La llave!
- ¿Recuerdas alguna cerradura?
- No... - mantuvo un silencio infinito - pero ahora que lo dices, era muy parecida a las muchas que
Karrion cargaba
- ¡Estupendo! - Exclamó con sarcasmo
Brianna - Solo tú eres tan capaz de robar tantas cosas...