Finalmente llegó el día de la inauguración. El Estadio
All Stars estaba a rebosar, cubierto de guirnaldas y serpentinas, así como del sonido de las bocinas y el griterío de los eufóricos espectadores. En el aparcamiento,
Enzo, de los
Montana, se ofrecía como aparcacoches, llevando los de los incautos que le confiaban las llaves hasta un taller propiedad de Edd, donde eran desmontados y vendidos por piezas; mientras,
Wonald colocaba a la velocidad del rayo propaganda del
Freaks Circus en los parabrisas, y
Fixit, de los
Bangers, hacía lo propio con panfletos de su taller (curiosamente, los propietarios de los automóviles en los que los había colocado se encontrarían al volver con alguna rueda pinchada, o un faro roto). Tras un emotivo discurso inaugural pronunciado por
Eyrton llegó el primer momento de desorden, cuando a
Vito, encargado de encender la llama olímpica en lo alto de la grada, se le “escurrió” la antorcha, que fue a parar al centro de la zona ocupada por los hinchas
Sentinel, que persiguieron al
Montana hasta que éste se refugió en el palco del
Don. Pese a todo, no llegó a producirse enfrentamiento entre ambas hinchadas, y los juegos pudieron comenzar.